El fuerte crecimiento económico que ha experimentado España desde 1994 ha traído como consecuencia una gran creación de empleo, fenómeno que unido a la baja tasa de natalidad española, ha provocado una intensa inmigración. A pesar de la relevancia que tienen los inmigrantes como soporte para el bienestar actual, gran parte de la población española no ha asimilado convenientemente este fenómeno.
La rapidez del fenómeno migratorio ha hecho que el mercado le tome la delantera a los poderes públicos, configurándose así el entorno laboral como una de las claves para la integración de los inmigrantes. Así, las empresas deben enfrentarse a retos tales como compatibilizar las diferencias culturales e idiomáticas, promover la productividad, fomentar el desarrollo profesional de los inmigrantes y facilitar la integración no solo de los trabajadores, sino también de sus familias en la sociedad española.