Buena parte de las propuestas de gobierno y gestión incluidas en el Informe 2007 de Fundación Alternativas siguen estando vigentes, dado que se refieren a la adopción de buenas prácticas en materia de RSC y buen gobierno o a la inserción de la responsabilidad social corporativa en las distintas áreas funcionales y de gestión de las compañías. La Fundación Alternativas no tiene por misión formular recomendaciones al mundo empresarial en esta materia. Si que puede, sin embargo, hacerse eco de las recomendaciones establecidas por instituciones de prestigio, entorno a la generación de confianza social en las empresas.
Las siguientes recomendaciones están inspiradas, en parte, en "The Ten Lessons for Corporate Leaders", recogidas en un reciente documento de The Economist intelligence Unit.
-La responsabilidad social corporativa no puede ser una carga impuesta a las empresas. La atención a lo que sucede en el exterior, al stock de confianza social de la compañía o a la calidad de las relaciones que mantiene con los grupos de interés concurrentes es el núcleo de la gestión empresarial moderna.
Permite proteger la reputación de la compañía; ayuda a gestionar mejor los riesgos empresariales; y previene la aparición de prácticas autodestructivas. Esto, en un contexto en el que el coste de la mala conducta empresarial puede ser notable y en el que las reputaciones de las compañías están sometidas a la contestación social, tiene un valor incalculable.
-Los gestores ocupados de la responsabilidad social corporativa deberían conocer, aflorar y transmitir a los órganos de gobierno y de dirección los pasivos de confianza, es decir, aquellos asuntos, sean decisiones explícitas o comportamientos tolerados, que influyen negativamente en la capacidad de la empresa de generar confianza social o que perturban la calidad de las relaciones de la empresa con sus grupos de interés. Tal responsabilidad debe ser ejercida, generalmente, en organizaciones nada proclives a trasladar a los órganos de gobierno malas noticias o información sobre comportamientos dudosos. Ello exige, por tanto, un interés activo por parte de los órganos de gobierno.
-La RSC trata de la gestión de las expectativas informales de la sociedad. Reglas no escritas cuyo seguimiento, sin embargo, es imprescindible para el éxito empresarial. Por eso, los manuales al uso no sirven; y también por ello, en ocasiones, los gestores manifiestan su confusión acerca de lo que significa la responsabilidad social corporativa. En definitiva, lo que la responsabilidad social corporativa propone es una institución empresarial más abierta al exterior y más activa en la gestión de los cambios sociales. Esto difícilmente tiene cabida en un manual al uso.
-Las compañías deben, en primer lugar, reflexionar acerca del significado de la responsabilidad social corporativa en su entorno económico y social. Entender qué asuntos son importantes y cuáles no lo son tanto. Convertir la responsabilidad corporativa en una carrera de adhesiones al mayor número posible de iniciativas carece de sentido y sólo sirve para desenfocar, confundir y, en ocasiones, desacreditar las acciones empresariales en la materia.
-La responsabilidad social corporativa debe estar presente en la gestión y operación de las compañías. La introducción de los cambios asociados a la nueva cultura no siempre es tarea fácil, especialmente si la persona o unidad encargada de proponerlos no cuenta con el apoyo explícito de la Alta Dirección.
-La atención a la cadena de aprovisionamiento es uno de los rasgos comunes que pueden observarse en las prácticas en materia de responsabilidad social corporativa de las compañías más avanzadas. Sin embargo, y más allá de algunos ejemplos destacados, son escasas las compañías españolas que están integrando la gestión de proveedores y contratistas bajo el paraguas de sus planteamientos globales en materia de RSC. Esto es un error; las cadenas de aprovisionamiento suelen ser refugio de una parte significativa de los riesgos reputacionales de las compañías. Una mala práctica en materia de proveedores puede dañar casi irremediablemente la percepción social sobre una compañía y desacreditar sus esfuerzos en materia de responsabilidad social corporativa.
-Los resultados de la encuesta desarrollada para este Informe ponen de manifiesto que existen oportunidades de mejora en lo que se refiere a la información empresarial en materia de responsabilidad social corporativa. Entre otros, las compañías deberían tratar de combatir la percepción que, en ocasiones, existe acerca del carácter cosmético de los informes en esta materia. Así, las compañías deberían partir, tal y como recomienda Global Reporting Initiative, del concepto de materialidad: hay que contar aquello que verdaderamente es relevante para conocer el impacto social y ambiental del negocio y no aquello que, aparentemente, favorece a la imagen pública de la compañía.
-La responsabilidad social corporativa tiene que ver con la gestión de las relaciones con los grupos de interés. Aquellas compañías que deseen que la RSC les ayude a tener éxito deben establecer mecanismos que les permitan conocer con regularidad cuál es la percepción social que la compañía despierta entre los grupos de interés concurrentes. Por ello, es preciso conocer los activos y pasivos de confianza social en la compañía y los factores que contribuyen a la generación de unos y otros.
-La responsabilidad social corporativa debe formar parte de los procesos y estructuras de la compañía, independientemente de que exista un departamento, unidad o persona que formalmente desempeñe esta responsabilidad. Esta integración no es, en modo alguno, sencilla. Por eso, un requisito básico para trasladar la responsabilidad social corporativa del terreno de la retórica al de la gestión diaria reside en introducir cuestiones relacionadas con la RSC en las estructuras de incentivos de las compañías. Mientras no forme parte de la retribución variable de las personas, es difícil que la responsabilidad social corporativa cale en la organización.
-La responsabilidad corporativa es el conjunto de acciones que las compañías desarrollan, con uno u otro propósito, para generar relaciones de confianza con sus grupos de interés concurrentes. Es un modo de actuar y de entender la institución empresarial que aplica y se extiende a todas las personas de la organización. Se trata de una cuestión cultural, soportada en normas y procedimientos y compromisos frente a los grupos de interés concurrentes. Sin embargo, todo tiene su origen en las personas de la organización y en cómo se comportan con terceros. Por ello, las organizaciones deben definir de manera explícita los valores que pretenden promover en su seno y en las relaciones con los grupos de interés.
Hoy, la mayor parte de las compañías españolas de cierto tamaño parecen haber integrado la responsabilidad social corporativa en su modo de concebir la institución empresarial. Basta leer las cartas que los presidentes de estas compañías dirigen a los lectores de sus informes anuales o de responsabilidad social corporativa.
Leyéndolas se podría concluir que las compañías españolas han hecho suyas las ideas de la RSC, y que sus gestores entienden la importancia de la sensibilidad social para alcanzar el éxito en los mercados de capitales, de producto y de empleo. Y no se andaría del todo desencaminado; en septiembre de 2008, una vez más, se anunciaban las compañías constituyentes de Dow Jones Sustainability Index, índice bursátil cuyas empresas deben ser capaces de acreditar buenas prácticas en materia de responsabilidad corporativa. Se trata de un indicador refrendado por el mercado. Y, un año más, las compañías españolas aparecen sobreponderadas; aproximadamente un cinco por ciento de las compañías en el índice son españolas, mientras que nuestras compañías suponen sólo un dos por ciento de las compañías elegibles.
En definitiva, podría afirmarse que las palabras de los presidentes en sus mensajes no son huecas. Y que los mercados creen que las compañías españolas lo están haciendo bien en esta materia.
Sin embargo, cuando uno se acerca a la gestión o coordinación de las cuestiones de RSC en las compañías españolas se encuentra con algunos problemas recurrentes. En primer lugar, y a pesar de las importantes novedades introducidas en las compañías por las recomendaciones del Código Unificado de la CNMV, las cuestiones de responsabilidad social corporativa ocupan un lugar periférico, y no llegan a las sesiones de los Consejos de Administración y de los Comités de Dirección.
En buena parte de las ocasiones, tal y como se explicaba anteriormente, los asuntos de RSC necesitan de patrocinadores situados en los órganos de gobierno y dirección de las compañías. En ausencia de este patrocinio, las cosas no acaban de salir adelante. Este techo de cristal es, hoy, el principal problema al que se enfrentan aquellos que desean impulsar mejores prácticas en RSC en sus compañías. Romperlo depende, en buena medida, de la inclusión de cuestiones relacionadas con la RSC en los esquemas retributivos de la Alta Dirección. Mientras ambas circunstancias no se produzcan no conseguiremos que, en palabras de un directivo español, "la RSC se transforme de gusano en mariposa". Aunque Dow Jones Sustainability Index crea lo contrario.